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jueves

Amantes bandidos solitarios.

Eran sombras en la noche, detrás de aquel árbol de aquel parque. Como romper su intimidad? Se besaban con pasión, como si fuera la última vez que lo podrían hacer. Las manos volaban por sus cuerpos, deteniéndose por momentos en los lugares que más placer daban. Se ve la mano de él, volando por sus pechos, mientras sus labios solo se separan para esbozar en el aire pequeños gemidos placenteros. Las manos de ella tampoco paran quietas, revolviéndose por todo el cuerpo de él, pasando por la espalda y deteniéndose cada pocos ratos bajo el vientre. Y, de repente, como uno de los suspiros que los amantes lanzaban, el beso se volvió aún más salvaje, el la acorraló contra el tronco, y, desplazando la falda y la ropa interior de ella, la penetró, dejando en el aire que rodeaba el parque un gran gemido largo unido en las voces de los dos. Los primeros movimientos fueron lentos, pero fueron aumentando de velocidad progresivamente, mientras los jadeos seguían el mismo ritmo. Dios mío, cuanta pasión. Las embestidas se aceleraron al máximo, culminando con un gran grito que hasta a mi me hizo llenarme de su placer mutuo. Y, como si ese fuera la última vez que se podían besar, el beso fué lo más dulce del mundo, mientras se arreglaban la ropa, marchándose cada uno por su lado.

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