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jueves

Por y para ti.

La basta extensión de la arena seguía hacia el horizonte hasta casi hacerla llorar, ya que no se veía nada más que azul y ese dorado especial que guardan las playas en pleno reflejo con el sol, sin contar alguna de esas descomunales palmeras que rompían el esquema de equilibrio entre agua y granos de arena. Pasito a pasito se subió a la madera del pequeño y sencillo embarcadero que se tambaleaba cuando una fuerte ola impactaba contra él. Se aproximó al borde con cuidado, con su siempre presente miedo a la profundidad del mar. Cerró los ojos con suavidad, dejando que las plantas de sus pies mantuvieran su cuerpo en el borde, mientras la brisa del mar rodeaba su cuerpo y dejaba volar su pelo como si este fuese libre. Al momento sintió unos brazos rodéandola, acercándola peligrosamente al momento de la caída al mar, mientras escuchaba su risa en sus oídos.
-Rafa, joder, no, para, quitame de aquí, ya.
- Venga amor, que no es para tanto.
Ella se agarró como pudo a él, temblando de miedo, mientras notaba como él se separaba del borde, agarrándola con fuerza y subiéndola en brazos. Agachó la cabeza en el hueco de su cuello, respirando con nerviosismo y sin soltarse, ahora rodeando su cuello con sus brazos, puede ser que hasta le estuviese lastimando, pero él no profirió ninguna queja.
- Como me vuelvas a hacer eso, te mato, lo juro.
- Ya deberías de saber que nunca te dejaré caer, Fá, o me iría yo detrás tuya para salvarte.
Ella sonrío, notando como ya se alejaban del mar, aproximándose a la arena y a esa pequeña cabaña de la que se había enamorado. No sabía ni como había acabado allí con él, pero no se sentía desesperada por volver a la civilización, al contrario, quería quedarse con él allí todo el tiempo que pudiese. La bajó al suelo y se fue a la cabaña despues de haberle dado un pico, dejándola allí otro rato sola en aquella isla que era solo para ellos, volviendo a disfrutar de la sensación del sol acariciandola y confortándola con su calor.
- Eh, grandullona, te vienes a por el biquini, o te tiro al mar con la ropa puesta?
Y sus risas se sintieron en todas partes, llevadas por el viento para esos ocupantes invisibles de su isla desierta, inundando cada uno de esos días que allí pasaron esos dos mejores amigos.

2 comentarios:

Personita dijo...

Yo quiero una tarde de ésas (L) O un amanecer, me da igual. Pero que sea así de bonito.

:)

PateticaEnamorada dijo...

Esto huele a piña colada con rayadura de sal finamente esparcida sobre una dulce capa de sirope de arena blanca. :D