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lunes
Y quiero tenerte tan cerca que pueda comerte, saborearte.
"Y estoy jodidamente enamorada de ti, como una idiota, vamos, que tú no sabes lo que se me pone en la garganta cuando me hablas de que te irás con él por ahí, o cuando vienes con los labios rojos e inchados por estar besándoos a escondidas detrás del almacén contándome tus aventuras con él y las noches que pasas a su lado en su cama o en su bañera. Y cuando apareces con la falda roja, la cinturita estrecha que te hace, que dan ganas de deslizar mis dedos por tu costado sin dejar un centímetro, y apoyar mi boca en tu ombligo para... y besarte hasta que esos labios solo se inchen por culpa de los míos. O aquel "Vente hoy a mi casa y me ayudas a buscar la ropa para la cena", que se convirtió en un festín para mis ojos de tu piel desnuda de miradas menos de la mía, acariciando tu espalda con mis nudillos al abrocharte el vestido violeta y notando como tenías el vello de gallina por el frío, que mi mente transformó en ilusiones vanas durante algunos momentos. Y al final no hago nada, nunca hago nada, te cuento que no hay ningun chico que me guste mientras tú pones cara de soñadora enamorada, que si supieras que no puedo apartar mi corazón del resplandor de tus ojos... Y las ganas de hacerte el amor y demostrarte que puedo ser mejor que él, que sé donde tocarte exactamente para que vibres sobre mi, que mis dedos se amoldan perfectamente a tu cuerpo y tus curvas mientras arranco besos de tu boca con sabor a tu éxtasis. Por cierto, el pelo recogido te queda mejor, ese cuello tuyo no debería ocultarse jamás. O tal vez si, para reducir un poco mis ganas de besartelo y marcartelo a fuego."
Solo quieren jugar al juego del querer.
Solo eran dos niñas pequeñas jugando a quererse y a desafiar el mundo, como quien trata de cambiar de lugar la lámpara del pasillo, como si pudieran apagar las voces con un solo botón.
Y crecieron desafiantes, hasta que la vida las puso en su lugar, aunque no pertenecían a él.
Se encontraron siguiendo al mundo tal y como dictaban, con maridos, hijos, un perro y una piscina en el jardín, poco sexo placentero y muchas llamadas a escondidas para orgasmos veloces. Tela contra piel, apretada en el momento del extasis final, oreja contra el teléfono, vista en la puerta, que no asomase nadie.
martes
Maldito corazón por querer a quien el cuerpo no desea.
Ella no era en quien pensaba Muriel cuando se masturbaba en la cama por las noches, al lado de su oso Barbe, al contrario, quien ocupaba sus pensamientos en ese momento, y cuyo nombre se ahogaba en sus labios cuando se corría, ese era Mich. Pero esa chica ocupaba los sueños, y a veces… a veces se descubría pensando en cómo sería morder su labio inferior y deslizar la lengua por él mientras lo mantenía entre sus dientes. Y para qué negarlo, en su interior sabía que ella era la única que sabría acariciarla del modo correcto y sostenerla entre sus sábanas en las noches frías.
viernes
Lesbian friends.
Faltaba más de media hora para llegar a su casa, y ya estaba cansada de caminar. Además, pronto se haría de noche, y no es que le tuviese miedo a la oscuridad, que también, sino que la noche le imponía, y una chica sola en una carretera secundaria era sumamente vulnerable, como tantas veces le había repetido tanto su madre como su abuela. Pasó un coche a toda velocidad a su lado, provocando que el frío le calara hasta los huesos, y le vio frenar poco a poco hasta pararse del todo a unos cincuenta metros de ella. Con algo de miedo, ahora si, se quedó quieta en el sitio, mirando fijamente el coche entrecerrando los ojos, a ver si así conseguía distinguir quien conducía. Al final distinguió salir del coche a una chica, una de esas con cuerpo que te quedas mirando, te gusten o no las chicas.
- Tronca, o te subes o no te espero, eh?
Se rió de lo tonta que había sido al no reconocer el coche, y corrió hacia su desaparecida amiga Carola, que hacía meses que no veía. Se quedaron abrazadas al lado del coche, más de cinco minutos así, riendo por nada más que haberse visto. Entraron al coche y comenzaron a hablar mientras ella conducía en dirección al pueblo en donde estaban las casas de las dos. Sin embargo el coche se paró unos kilómetros adelante, con un gran estruendo del motor, y dejándolas allí tiradas sin cobertura en los teléfonos. Al final decidieron salir del coche y sentarse sobre el capó del coche para hablar, y después dormir en el coche, para poder pedir ayuda al día siguiente.
La conversación era fluída, hasta que Carola se aproximó demasiado a su cara, para según ella quitarle una pestaña de la mejilla, soplando lentamente hacia ella. Y sin mediar palabra la besó en los labios suavemente, sin darle tiempo a reaccionar. Se apartó con lentitud, mirando a su amiga sin saber que decir. Carola volvió a aproximarse, segura de si misma, apoyando una de sus manos cerca de su nuca y volviendo a besarla con ganas, esta vez con el consentimiento de ella. Poco a poco se fue situando encima de ella, las dos en el capó, besándose como desesperadas por su piel, acariciándose con rapidez. Las chaquetas volaron hacia el suelo, sin importar que hacía frío o que podría pasar algún coche o viandante por allí y descubrirlas, más tal vez el peligro era demasiado excitante para parar en ese momento. Las manos de Carola, mucho más expertas que las suyas pasaron sobre sus pechos, excitándola de manera bestial, para después introducirse en su ropa interior y acariciarla allí donde ella deseaba. Los gemidos eran cortados por las bocas de ambas, con sus manos pasando tímidas por la espalda de Carola, mientras esta seguía dándole placer con la mano enterrada en su parte más intima. Las convulsiones comenzaron a notarse mientras arqueaba la espalda y jadeaba de manera ronca, con su primer orgasmo en manos de una mujer, en manos de su amiga. A partir de ese momento todo se volvió más excitante, las bocas ya no solo buscaban las bocas, sino que se posaban en cada trozo de piel que no estuviera ocupado por las manos. Los gemidos compartidos se podían escuchar a distancia, mientras ellas retozaban sin importarle nada. Así transcurrió casi toda la noche, parándose a contemplar las estrellas algunas veces, sin dejar de acariciarse, con pequeños orgasmos relajados conseguidos con solo el toque de la piel. Se despertaron cuando el sol comenzaba a aparecer en el cielo, abrazadas en el asiento de atrás, con la ropa como mantas improvisadas mientras sus pieles seguían pegadas. Carola la tenía firmemente abrazada, pasandole sus dedos por su espalda de manera que conseguía sonsacarle algunos escalofríos eventuales. Ella tenía la cabeza apoyada en el pecho de Carola, con los ojos cerrados, como si todavía deseara dormir.
- Lana...
- Dime.
- Aunque no esté nunca, aunque tu no sientas lo mismo, -tragó saliva, sin dejar de abrazarla- y aunque después de esto tu te vayas a refugiar en los brazos de Joshua y prefieras olvidar todo esto... yo me fui de la cuidad por ti, porque no podía estar cerca de ti.
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