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viernes

Friendship.

Encenció la minicadena y puso lo más alto que pudo el volumen, siempre y cuando no hiciese un ruído atronador. Volvía a intentar buscar una canción de esas que le levantaban el ánimo con las primeras notas, que los acordes la hacían vibrar al ritmo, y que cantaba a pleno pulmón aún sin saberse la letra. Pero hacía mucho tiempo que no encontraba ninguna canción de esas, y ultimamente cantaba bajito, sin que la escucharan sus oídos. Se dejó caer en el sofá, piti en mano, mientras los ojos cerrados la conducían a un mundo donde nada pudiese tocarla, pero el timbre de la puerta impidió ese viaje. Se hizo la remolona, sin querer levantarse, pero la insistencia de la persona que estaba tras la puerta comenzó a irritarla.
- Que ya voy, joder.
- Sería mejor que apurases Ast, parezco tonto parado en tu puerta.
Allí estaban esos acordes que le hacían vibrar al ritmo de unas sílabas que salían de la garganta de él. La sonrisa se personalizó en su boca, y en vez de caminar, volaba hacia la puerta. La abrió rápidamente, echándose a los brazos de su mejor amigo, dejando que esos grandes abrazos que él le daba quitasen todo lo malo que ella acumulaba. Sin soltarse, entraron en la casa y se tiraron al sofá riendo, quedando ella sobre él, todavía abrazados. Al rato se apartó, puso más volumen en la minicadena, y dejó que sus voces subieran al cielo aunque no supieran la letra de las canciones. Y los vecinos... Tendrían que aguantar el ruído, porque ellos dos no pararán.

lunes

El circo esconde nuestros secretos.

Somos sombras en un circo de sonrisas. No puedo ser el payaso que ilumine tus ojos con una nariz roja y unos zapatos enormes, mientras hago mi oficio de sonrisas. Soy el mimo que se queda en silencio, esperando un movimiento para poder actuar en lo que se me da mejor, el silencio. Y tú, sin embargo, eres como ese trapecista intrépido al que siempre hay que prestar atención, para que cumpla bien su función y no caiga al suelo junto con sus sentimientos y esperanzas. Y lo haces bien, te mantienes arriba guardando el equilibrio mientras los huracanes arrasan con la carpa de nuestro circo, mientras yo me refugio -otra vez- en el silencio y en la máscara desconocida de no saber que hacer. Porque en realidad, la única sombra soy yo.

Odio estos momentos en los que decepciono a la gente 
que más me importa y que menos me merece.

Te amo, mejor amigo, mucho más de lo que nunca pude imaginar
y no te merezco, no soy ni de lejos la colega que te hace falta
porque no puedo darte hechos
y las palabras siempre me faltan cuando las necesitas
Sin embargo, no por eso debes sentirte menos importante, 
ya que daría millones para poder estar aí cuando hace falta, 
estar, abrazarte, y sonsacarte una sonrisa.

domingo

Bf.

- Quien coño te crees tu?
Alec se quedo mirando a Astrid con la cara desencajada, no entendía que pasaba.
- Porque lo dices?
Ast suspiró mirándole, echando el aire poco a poco.
- Porque, te has convertido en todo, y me duele, me duele quererte tanto. Odio depender tanto de una persona, y aquí me tienes, como una tonta, dependiendo de ti, necesitandote para mis sonrisas. Te crees que eso me gusta? Te crees que me gusta necesitarte a cada momento? O agobiarme cuando estás mal? O que me duela cuando estás mal? No me gusta, no. Siempre he sido la persona más solitaria que podía existir, miles de personas han pasado por mi vida y tu así, de repente, apareces, y te quedas con mi vida, con mi corazón, y con todo lo que tiene que ver conmigo. Joder, odio eso!

Alec la agarró del brazo, parando el movimiento frenético que hacía con el mientras caminaba de un lado al otro delante de él. SIn decir palabra ninguna, la abrazó lo más fuerte que pudo, y acarició su pelo lentamente.

- Joder enano, odio amarte tanto.